viernes, junio 01, 2012

 

Llueve a cántaros.

Llueve, sí, llueve pero no tendría que estar lloviendo. Hoy: Hoy es un
día que está lloviendo pero no tendría que llover. No, porque se me
ocurra a mí, ¿eh? Yo sé positivamente que la lluvia de hoy no es
natural. O sea, es natural; pero es provocada. Porque usted sabe que
se siembran las nubes para que llueva… Sí, desde hace mucho tiempo. La
siembran con… antiguamente con un avión que tenía como una cisterna,
un bombardero de la segunda guerra mundial, un wellington si mal no
recuerdo, o era uno modificado. Yo no llegué a verlo; y esteee, ahí en
la panza, digamos, donde originalmente llevaba las bombas, ahí llevaba
eehh, los químicos que le ponen ellos para sembrar la nube para que
llueva. ¡Pero ahora noooo! Ahora eso se hace con misiles. Y esto es una
lluvia evidentemente provocada porque ¿vio que no estuvo húmedo ayer y
ahora está lloviendo?: ¡Eso es lluvia sembrada! Lo que pasa que.. No…
parece, parece. Sí, “dicen”que los productores de soja a veces
recurren a estas lluvias artificiales para salvar la cosecha pero yo
no estoy seguro, mejor dicho, estoy seguro que no. Porque ellos dicen
“Sí,  dale, vamos a mandar lluvia, que ya estamos necesitando un poco
de agua para el campo, y guarda  que se viene la seca”... De buena fe,
¿eh? De veras, ellos creen que hay sequía, que hay que hacer una
siembre de nubes… dentro de la discreción, ¿no? ¡Porque se imagina los
que diría la gente! Pensaría que hay una conspiración para cambiar el
clima, amparada por los productores… No, lo que ellos hacen en
realidad es votar así “Bueno, levanten la mano los que quieran una
lluviecita para el martes porque la estamos necesitando”. Pero pobres,
¿qué saben los productores lo que está necesitando el campo si ellos
están acá en Buenos Aires y el campo lo tiene en Entre Ríos, y el
campo lo tienen allá con gente que les trabaja, por que nunca, eh? O
sea, el tipo está ahí, en Libertador, y a fin de mes viene un tipo y
les dice, tomá, esto es lo tuyo, ¡y listo! ¿Y qué sabe del campo? Y
entonces, cuando al dueño le dice, “eh, mire que el campo…”, ¿qué dice
el tipo? “¡Y mandá un misil y sanseacabó!” Y sabe qué es lo peor, que
eso lo hace una persona que no responde a los intereses del campo.
¡Porque los productores están infiltrados! Esto yo lo sé porque así
como me ve acá... ¡Por suerte me ve acá, porque me saqué un problema de
encima! Yo trabajé dieciséis años para el Mossad. De agente, como
agente trabajé. Y entonces sé positivamente que muchos…, porque hay
otros intereses… hay gente que los maneja, ellos pagan, pero en
realidad son el chivo expiatorio, hay otras cosas. Yo, esteee… dejé,
porque tampoco quería saber mucho. Cuanto más se sabe, más peligro se
corre. Cuando… esteee…, a mi me dijeron, "mirá, nosotros ahora vamos a
hacer este asunto", yo no quise saber más nada. Entonces pedí el
retiro. Pero me dijeron, "Uno se puede retirar de cualquier cosa, pero
de esto no se retira". Como ex agente, uno deja, deja de trabajar, pero
los tipos los vigilan a uno. Lo vigilan constantemente. A mí me
mandaron alguien a casa. Se hace pasar por mi yerno. El tipo un día
toca timbre y me dice, “Qué tal, cómo le va? Soy el novio de su hija”
Y un muchacho muy bien educado, bien vestido… y bueno, se queda en
casa un día, dos… y después ya se quedó a vivir. Yo sé positivamente
que esa es la persona que ellos designaron para que cuide mi retiro.
Ellos conmigo ya no se meten más, pero vigilan que yo no me vaya a una
agencia contraria, o me secuestren para sacarme información o que
cuente todo lo que sé porque se imagina lo que se armaría. Y bueno, él
es un agente. Lo sé positivamente porque yo no tengo hija.  ¿Y qué le
iba a decir? ¿"Acá no entrás"? No… Después sí. Después vino una noche,
porque se ve que lo hacen trabajar en algo, y entró con una chica,
bonita, sencilla, y la piba me da un beso y me dice “Hola papá”. ¡Y yo
no la conozco! ¿Y qué le puedo decir? ¡Y nada! "Hola hija, pasá…" Una
chica joven, muy bonita, de su casa. Puede ser que trabaje con él o
trabaje para otra agencia, porque ellos trabajan mucho en
colaboración. Sí... con, por ejemplo, con el MI9 o la CIA puede ser, la
KGB…, o incluso puede ser de alguna agencia china, porque la chica es
medio así… muy bonita, pero tiene así como unos rasgos un poquito
orientales. Inclusive a veces prepara té, así, o me hace unos masajes
de pie. Y uno, ¿no? Yo siempre con respeto, ojo, porque no hay que
mezclar. ¡Ellos dos, nada! ¿eh? Este…, no, ni se tocan. Y uno tampoco es
de fierro, pero no, yo tampoco me meto con ella porque, eh, no hay que
mezclar el trabajo, bueno, en mi caso el retiro, porque la verdad es
que no conviene, ¿eh? No, pero sí trajo una amiga, una chica un poco
más grande que ella, y bueno, ¿pero qué le voy a decir, “no te sientes
a la mesa”? si hay para dos o tres, hay lugar para cuatro. Aparte que
mi yerno, trae así, así de vez en cuando, comida y suele traer cajas,
que guarda en la habitación del medio, bueno esas cajas son… Yo no las
toco, porque ahí, evidentemente, debe estar el material que usan para
esto de la lluvia. Y bueno, este tipo trae una comida y dice, eh,
vamos a comer y tomar algo, y palabra va palabra viene, y yo me
pregunto, no, ¿qué quiere esta chica? Porque... ¿qué necesidad de estar
ahí, eh, de festival, porque a veces mi yerno trae, así como picardía,
no, algo para fumar, vió, o alguna pastillita, un inyectable… y digo,
no? ¿Con qué necesidad esta mujer? Tanta risa, ¿no? tanta joda…
Entonces yo, digo a veces, ¿no será?, ¿no será que esta mina está
buscando algo más? Y yo no puedo, a mí me compromete, imaginesé, yo,
que tengo la profesión, no la voy a andar arriesgando, o sea, la
profesión, la segunda, ¿no?  Este que, bueno, la adopté, porque usted me vé
acá, pero yo me estuve capacitando en Tel Aviv, ¿y puedo arriesgar la
profesión por una jovencita? Habiendo tantas mujeres, buenas señoras,
disponibles, ¿no? Que podrían querer, con derecho ¿no?, pasar un buen
momento… Un día, un suponer, una persona que viajara conmigo, como
usted… ah, claro, no. ¿Acá? ¿Pero usted no iba a la calle Baigorria? Ah,
Sargento Cabral. Pero igual, ¿no quiere que la alcance a Baigorria?
Mire que no es fea calle, y Baigorria también hizo lo suyo, pobre.
Porque la gloria es ingrata… Bueno, Sí, claro, si la dirección es
Cabral, mejor al dejo acá. ¿Cuánto le cobran hasta acá? ¿Treinta y ocho?
Y bueno, deme treinta y ocho, porque acá el cuenta kilómetros marca lo
que quiere. Igual, ¿quién sabe? ¿Usted se preguntó alguna vez lo que es
un kilómetro? Sí, mil metros, pero ¿qué es un metro?  Sí, sí todos
estamos de acuerdo, ¿pero alguien sabe? ¿Alguno fue a Francia a ver si
está el metro allá? Yo no fui a París, porque el metro verdadero lo
tienen allá. Nosotros tenemos una copia de una copia de una copia, y
no es de platino tampoco, ¡gracias si es madera de sauce!  Capaz que
el original ni mide lo mismo que el que usamos nosotros. Porque mire
que se hace de todo, ¿eh? ¡A lo mejor nuestro metro es más largo para
poder llevarse tela de Argentina a menor precio! ¡Y lo mismo pasa con
el kilogramo!  A mí me dijo un amigo productor que el kilo cada vez
pesa menos, es la forma que usan los europeos para pagar menos por la
carne, sabotean las balanzas… Sí, bueno, chau, señora, hasta luego… sí
sí, ¡ojalá mañana despeje!

lunes, mayo 28, 2012

 

El infierno merecido



Hay un círculo del infierno reservado a los clientes. Ya lo saben los desarrolladores de software,  diseñadores gráficos, expertos de marketing y arquitectos entre otros profesionales que sufren la impiedad de estos animales irracionales cuya única justificación para ocupar un lugar en nuestro universo consiste en ser proveedores de lo feo, lo malo y lo molesto, como para que sepamos, por contraste, apreciar lo bueno de la creación.  El cliente es la condensación de nuestras concepciones más excelsas, de ambiciosas creaciones artísticas, de elaboradas recetas o de verdaderas genialidades en un receptor real, tangible y jamás merecedor de semejantes bienes. Luego de planificar una campaña donde pusiste arte, ciencia y sudor, el muy hijo de puta te dirá que está bien tu propuesta, pero que el domingo, comiendo un asado, el sobrino, que está haciendo el curso introductorio a una universidad pedorra que dicta carreras cortas por correspondencia le sugirió una idea que deberías meter en el proyecto, así, "meter", total, es una pelotudez… apenas te daría vuelta todo el concepto, te obligaría a empezar de cero y encima reduciría tu trabajo a minimizar los daños producido por el imberbe y su tío papanatas. Y vos,  que te pasaste una década metido en la facultad, que te tuviste que aprender la tabla de logaritmos de memoria para aprobar la última materia, que viste miles de casos iguales que terminaron en bancarrotas y suicidios, aunque asesinatos también, te metés la lengua en el orto y prometés estudiar la contrapropuesta. ¿Qué vas a estudiar, decime? ¿Cómo matar al hijo de puta? ¿Cómo empalarlo con un rollo hecho de los dibujos que hizo para su baño, con las ideas que buscó por internet con su amante? ¿Estudiarás cuál es el más pesado de los tratados de hidráulica para pegarle en la cabeza a ver si entiende que el agua sigue leyes físicas y no los deseos masturbatorios de su segunda mujer, la muy pendeja?¿ Habrá forma de azotar a un cliente hasta que el muy puto entienda que un sistema de oficina a prueba de idiotas significa que tiene idiotas trabajando en la oficina? ¿Será posible que acepte el precio que vale una tecla que presionándola haga aparecer en la pantalla “todo”. ¿Cuánto creerá el infradotado que cuesta la tecla de Dios? Si existe, Dios tiene un plan para estos reverendos hijos de puta, y es que sufran. Si hay bondad en el universo, si la creación es el producto de una mente noble y perfecta, el cliente que te pide una cartelería pero en lugar de la modelo que te costó sangre conseguir quiere poner una foto de la hija vendiendo helados con cara de orto, ese maldito profanador de los sagrado, del buen gusto y de su ya nunca próspero futuro debería alguna vez saber que seguirá siendo el capitán de un barco que se hunde por culpa de su propio ego. Pero antes habría que cobrarle, cobrarle por adelantado. Y en la factura incluir, debajo de los primeros ítems, como “Adelanto por gastos”, unos muy explícitos que dijeran “Compensación sanitara por escuchar pelotudeces”, “Punitorios por no leer toda la propuesta antes de proponer imbecilidades” y “Cargo por reuniones con gente que no me interesa ni necesito conocer a horas en las cuales no suelo trabajar”. Y habría que cobrar todo eso antes. Y además, decirle al idiota que pagando reducirá, casi con seguridad, su merecida cuota de infiernidad.
Y ojalá sea mentira.

viernes, mayo 18, 2012

 

AGUA VA

Estimados vecinos y amigos.
Quiero compartir con ustedes un problema que he tenido en mi baño y cuya solución tal vez traiga cierta incomodidad pasajera a la gente de mi monoblock.
Resulta que se me ha estropeado el sistema de descarga del inodoro. Dada la disponibilidad de personal especializa do, calculo que la solución se producirá en un tiempo considerable, aunque siempre estamos hablando de esta década. Lo cierto es que he decidido hacer mis necesidades, las líquidas, en otros sanitarios del baño, pero permanece el problema de las deposiciones sólidas. A estas últimas, vulgarmente llamadas “número 2”o “lo segundo”, las volcaré en un balde plástico, color azul. He elegido este color porque aún tratándose de residuos corporales molestos, no hay que perder el sentido artístico. Todos sabemos que el azul combina… bueno, con el color que ya sabemos. Se podrán imaginar que este balde no puede permanecer lleno dentro de mi departamento. Se viene el invierno y con las ventanas cerradas, las emanaciones podrían hacer peligrar mi comodidad, incluso mi propia vida. Así que durante los próximos días, procederé a vaciar el cubo lo antes posible arrojando su contenido por la ventana. Todos me conocen por mi respeto por la urbanidad y mi brega constante por la concordia y las buenas costumbres, de manera que anticiparé la descarga con el convencional grito de “Agua va!” que desde tiempos inmemoriales se utiliza para este caso. Para tranquilidad de todos, especialmente mi querido vecino de abajo, ejerceré la mayor fuerza posible durante el lanzamiento de tal manera de garantizar que las heces caigan directamente sobre el césped del parque. No obstante, aconsejo al eventual transeúnte de la veredita situada directamente debajo de mis ventanas, que eviten pasar por allí si escuchan el previo aviso ya mencionado, el cual propalaré a viva voz. Sé que todos comprenderán la situación y que no les molestará en absoluto esta forma de aliviar mis problemas sanitarios; sin embargo, temo que aparezca siempre la mosca blanca, alguna persona insidiosa que se oponga simplemente por molestar, y me acuse de maleducado y asqueroso. Por las dudas, desde ya les anticipo que ignoraré esos ataques. Mis desechos corporales son tan sanos como los soretes de todos los perros que cagan en el jardín. Soy una persona muy cuidadosa de su dieta, de costumbres alimenticias frugales y no poseo enfermedades intestinales. Acaso la mierda de perro es mejor que la mía? Mi caca no vale? No, señores. Desde ya les digo a aquellos padres que mandan a jugar a sus hijos a los jardines del barrio y que disfrutan el regreso de los niños ensuciados por los soretes de perros desconocidos, (en realidad conocidos, tanto como sus dueños) que si sus hijos se ensucian con mi caca, nada deben temer. Soy sano.
Por las dudas les cuento que mi tacho recolector de basura sigue funcionando perfectamente, de manera que por ahora, seguiré arrojando la basura en los cestos comunales. Tampoco hay que convertirse en un animal incivilizado, no?

jueves, abril 19, 2012

 

Los avances de la civilización


El año 1982 de la era cristiana encontró a la Argentina gobernada por una sangrienta dictadura militar, miles de desaparecidos, estado de sitio y la amistad de los Estados Unidos. Las dificultades políticas y económicas que enfrentaba el régimen llevan a sus gobernantes a emprender la Guerra de las Malvinas.
Comparemos con otras tres naciones
Inglaterra estaba gobernada por el partido conservador y pasaba por una crisis económica severa. Si bien aún era una monarquía parlamentaria, la mitad del poder legislativo (la cámara de los lores) estaba en manos de una aristocracia que no era elegida democráticamente, sino a dedo por la reina, la iglesia anglicana y los derechos sucesorios sanguíneos de los antiguos miembros. Desde ese punto de vista, si bien mostraba una fachada mucho más democrática y respetuosa de los derechos humanos, aún no era una democracia plena. También gozaba de la amistad de los EEUU. La Guerra de las Malvinas fue utilizada por su gobierno para paliar las dificultades sociales y ganar prestigio.
Sudáfrica estaba en manos de otra aparente democracia, la cual excluía del derecho al sufragio a la mayoría de su población negra. Nelson Mandela estaba preso y los asesinatos y matanzas de pobres y negros eran cosa de todos los días bajo el régimen de Botha. Aun así, Sudáfrica tenía también a los EEUU por estado amigo.
España era una joven casi democracia que dejaba atrás la dictadura de Franco y el intento fallido de golpe de estado que fue desarticulado gracias al Rey Juan Carlos de Borbón, quien ágilmente respaldó la democracia y permitió el ascenso al poder del partido socialista obrero español. Parecía que no, pero rápidamente se demostró que esta nación vestigialmente monárquica pero con profunda vocación democrática también era amiga y aliada de los EEUU.

Treinta años después, vemos que las cuatro naciones han evolucionado en forma despareja.
Argentina se deshizo de sus dictadores militares, los juzgó, los perdonó, los volvió a juzgar y finalmente los genocidas terminaron presos. El proceso de justicia aún sigue, a diferencia de otros juicios, como el de Nuremberg, que fueron realizados con fines más simbólicos que éticos. Desde ese punto de vista, un proceso de justicia tan amplio podría decirse que marca una primera vez en la historia de la humanidad. Argentina lleva casi treinta años de plena democracia. Las relaciones con los EEUU se mantienen formalmente cordiales pero con frecuentes fricciones.
En Sudáfrica se acabó la discriminación racial y reina la democracia plena. Los EEUU siguen siendo un país amigo. Se persigue a los cazadores furtivos que amenazan la fauna autóctona, como leones, cebras y elefantes.
Inglaterra aún sigue en parciamente en manos de la realeza y la aristocracia. Han intervenido en diferentes aventuras bélicas en medio oriente que fueron condenadas por otras democracias del planeta (Guerra del golfo pérsico, Afganistán, Irak y Libia). Han decretado leyes violatorias de los derechos humanos y las han puesto en práctica por ejemplo al ejecutar preventivamente a un ciudadano que viajaba en subte a su estudio por tener aspecto de terrorista. No han logrado avanzar en ese sentido, es decir hacia la paz y la democracia plena. Recientemente han pavoneado sus armas en la zona del atlántico sur. Sin embargo siguen siendo amigos de los EEUU.
España atraviesa una feroz crisis económica. Ha sancionado leyes anti inmigratorias y restrictivas de los derechos humanos. A pesar de los piquetes y manifestaciones en contra de la política económica, el rey Juan Carlos de Borbón, funcionario honorario de la WWF se va al África a cazar elefantes. Siguen a los besos con EEUU.

¿Qué significa todo esto?
Que no importa cuánto avance la civilización, siempre habrá países atrasados que te mandarán caño, y EEUU siempre serán amigos de todos, menos de los peronistas.

martes, marzo 20, 2012

 

Noche maldita

Oh, noche. Cómo te odio.
Cómo detesto el brillo de las vías, el reflejo amarillo del charco del callejón.
Cómo apesta la podredumbre húmeda de esos jardines cagados por los perros.
Detesto la negrura obscena del firmamento, socarrona boca de la eternidad.
Cómo odio tus fiestas de esclavos, tu legión desesperada de placebos, tus cantares de tributo, tus bares mentirosos.
Noche, maldita noche.
Maldita cacería de cuerpos apenas contenida en guardias hospitalarias.
Aborrezco la hora que azota las ventanas y sacude el vaso de agua.
Maldita sed de pastillas
Maldita tu hora donde escasean cortinas para tapar el abismo.
Reino de insectos, imperio de genes que se buscan a gritos de parlantes en los semáforos.
Clara mentira de poetas, tela enferma,
tu luna de plástico, tus estrellas que gritan.
Inexistente misterio, alma de obviedades.
oh, noche tan celebrada.
Hoy solo quiero ser planta.


lunes, noviembre 14, 2011

 

La vida breve





Caminé sobre islas blancas y desoladas. Tomé un puñado de arena para que millones de años de vida y muerte de pequeños animales marinos me contemplaran.
He buceado entre torres de coral, súbitamente acompañado por tortugas marinas y barracudas hambrientas.
Sobrevolé el Orinoco entre una alfombra interminable de hojas verdes trabajando para impulsar la cadena trófica.
He visto con preocupación al Sol ocultarse en medio del mar, desde una barca repleta de pescado, con el motor averiado y mis compañeros rezando.
He visto la cara del abismo. Varias veces.
Sostuve la mano de un amigo mientras moría.
También vi detenerse en el aire al único motor de mi avión, a una distancia incierta de un campo nunca antes aterrizado.
Caí por una escotilla y pude ver las cuchillas del agitador, esperando por mi carne salvada apenas por una mano atenta.



He perdido a un amigo de alma.
He perdido recientemente a otro.
A esta altura, la muerte es mi amistad más vieja.

jueves, agosto 25, 2011

 

El cuento perdido de Ballard

Este cuento nació de la pluma del escritor chino-británico James Graham Ballard durante una corta estadía en Buenos Aires, en 1972. El literato se hospedó durante dos días en un colegio inglés de Quilmes donde brindó una conferencia para alumnos y profesores. Durante los años posteriores, el manuscrito fue guardado junto a otros tesoros bibliográficos del Colegio, como una carta de Darwin y varios incunables. Lamentablemente, apenas comenzado el siglo, el cuento se perdió durante la administración de un director de mala fama y acosado por las deudas de juego. No volvió a saberse del tema sino hasta el año 2010, cuando un viejo gresado residente en Estocolmo, Stephen Peterson, comentó casualmente que como ensayo de investigación en literatura, él había realizado una traducción al español de aquel manuscrito guardado por aquel entonces en la biblioteca. En su casa materna de Buenos Aires, finalmente se halló la carpeta del joven Pearson y entre sus folios escasamente revisitados, apareció esta traducción del cuento de un Ballard por entonces amigo de Borges y fugaz huésped de la ciudad de Quilmes.

Escuela de frontera

La última tormenta del verano había esparcido harapos coloridos, ahora sucios de barro, por el campus del colegio. Desde su ventana en el primer piso, Woodward alcanzó a ver algunos trozos de trapo azul, seguramente viejos uniformes de marinero, decorando la duna que ocupaba parcialmente la piscina. Las ropas estaban entrelazadas y formaban cadenas que copiaban el relieve de lo que alguna vez fuera la consentida planicie de las canchas de rugby. Más allá del court de cricket, los trapos blancos se arremolinaban dibujando una espiral, vago remedo de una figura cósmica o una magnolia en putrefacción. Woodward se sirvió la segunda y última taza de té y maldijo el rayo de sol naciente que asomó tras las lejanas ruinas del tinglado. El ex-profesor calculó la fecha, como para saber aproximadamente cuántos años llevaba preso en esa isla inexplicablemente dispensada de la inundación planetaria. Supo que demoraría así el momento en que inevitablemente bajaría por la escalera de la biblioteca, tomaría la escopeta con un par de cartuchos, y saldría nuevamente al insoportable calor húmedo de la mañana de marzo en busca de un pato barcino o al menos una gallineta para comer. Ya no le chocaba tanto la infrecuente calidez de un mes que siempre asoció con el invierno. Luego de tantos años desde que llegara a esta parte del fin del mundo austral,las inversiones del calendario le tenían sin cuidado. Aún así, la humedad permanente de la inundación, los insectos tropicales y la enfermiza tendencia de esta tierra a la fermentación, estaba seguro,acabarían enloqueciéndolo. De alguna manera, Woodward estaba secretamente convencido de que cuando se acabara todo el whisky y el gin que guardaba en su habitación, se volaría la cabeza de un escopetazo. El sonido de la pesada puerta de la entrada del edificio de la preparatoria, un piso más abajo, lo sobresaltó. Por una décima de segundo se fastidió con la idea de que el maldito fantasma de Jackson, un padre fundador que nunca conoció, había vuelto tras su largo descanso estival; pero las pisadas atolondradas que hacían crujir las pocas tablas de pinotea sanas que quedaban del piso semidemolido de la escalera le revelaron la cruda realidad: la vieja sucia de Geena Spencer comenzaría su ronda de incordio diario con él.

- Hola, cariñito – dijo desde la puerta la vieja rubia, ataviada con su ridículo jardinero de jean. Woodward se limitó a mover la cabeza en señal de que la había registrado y tomó un sorbo de té, desviando la vista hacia la ventana.

- ¿Has visto la cantidad de águilas que se han juntado abajo? – preguntó ella.

- Chimangos.- corrigió él.

- ¡Sí, águilas del chimango! Un día nos atacarán, y mi marido dice que si ataca una, luego las otras también hacen lo mismo. ¡Estamos todos locos!

Woodward la miró despacio, disgustado con los colgajos de papada que aumentaban en la mujer el aspecto de prostituta del puerto de Estocolmo. Seguramente allí la habría recogido el patán de Spencer antes de dar con su destino sudamericano.

- “Chimangos” se dice. No son águilas. Son chimangos. Y el boludo de tu marido no entendía nada de aves.

Woodward dejó a la insoportable viuda hablando sola sobre la diferencia entre las aves nórdicas y éstas de acá y bajó la escalera, orinó en el baño de los profesores de la planta baja y salió del edificio. Subió la duna de lodo seco y arena que bloqueaba la antigua calle de entrada y dio un cachetazo afectuoso a la nuca del busto del general San Martín,libertador de América. Alrededor de la verdosa cabeza de bronce, una trenza de ropa de teatro había enredado su terciopelo marrón y gris hasta tapar los ojos del vigía centenario.

Más allá del campo de rugby, tras las ruinas de la capilla, el agua fétida del Mar de La Plata arrancaba una espuma marrón claro de las pilas de escombros carcomidos. Woodward entonces vio el avión: Por la forma inconfundible del ala, supo que era un Cessna, probablemente un cuatriplaza de los que habría en los hangares sumergidos de la base aérea de Quilmes. La tormenta debió arrancarlo de su matriz de lodo acumulado por décadas y empujado hasta las tierras emergidas del Colegio. Dos yacarés que nunca había visto antes por allí tomaban el sol matinal sobre las ruinas del campanario. Los grandes reptiles no usaban nadar por mar; seguramente habrían llegado desde la base aérea a bordo del flotante despojo del avión.

Woodward sonrió: Luego de medio siglo, nuevamente el avión transportaba algo vivo hacia su detestado culo del maldito nuevo mundo.

El viejo profesor abrió la escopeta y extrajo dos cartuchos del bolsillo, pero inmediatamente decidió que esta vez solo uno bastaría.

El estruendo tras las dunas apenas distrajo a los yacarés de su contemplación de la mañana.


viernes, agosto 12, 2011

 

Entrevista de Carlos Chamorro a Andrés Oppenheimer, autor de libro "Basta de historias", donde pontifica sobre educación, luego de su fallido libro de anticipación "La hora final de Castro - La Historia Secreta Detras De La Inminente Caida Del Comunismo En Cuba", de 1992. Hoy éxito total en el subsuelo de las mesas de saldo y en las mesas de patas dispares.

"En el libro hablás también de Argentina, México, Uruguay, y presentás a Chile como un ejemplo ¿Qué hace bien Chile?

Presento a Chile, como uno de los países que está haciendo las cosas bien. Hay otros países que están haciendo cosas interesantes, a veces no siempre como gobiernos, sino como sociedades. Hay varias cosas interesantes que ese están haciendo en algunos países de América Latina: en Uruguay, en Brasil, pero Chile lo cito por varios motivos; primero, porque están poniéndole mucha atención a la calidad educativa, la evaluación de maestros, el pago por mérito, la internacionalización de la educación, enseñan clases en la universidad nacional de Chile, en la universidad estatal, el equivalente a la universidad nacional de Nicaragua, dan clases en inglés, obviamente no todo, algunas, pero están llevando el país a lo mismo que los chinos, los singapurenses o los japoneses, a una internacionalización de la educación."

Comentario del diario "La Tercera" (6 de agosto de 2011)

"Un "futuro promisorio" le augura a Chile el periodista argentino Andrés Oppenheimer en su último libro ¡Basta de historias! (de la serie Debate, de Random House Mondadori), al destacar los avances y fortalezas del sistema educacional chileno frente a los de otras naciones latinoamericanas."

¡Genial!

Este pibe sería una especie de Nostradamus in(-)verso.
Muy gracioso, en serio.


jueves, agosto 11, 2011

 

Servicio de traducción


Amigos argentinos en Inglaterra y países europeos en general: Aquí va un granito de arena en estos tiempos tan difíciles que les toca vivir. Seguramente luego de tantos años de inmigrantes, habrán olvidado estas frases. Para que las recuerden y puedan usarlas en vuestro medio, se incluye una traducción que si bien no será la mejor, al menos servirá para expresarse en el barrio: Vamos, tampoco se pongan exquisitos que el inglés no es vuestra lengua materna...

Tengo los huevos llenos de este país bananero / I’m fed up with this banana republic
Este país ya no es serio /This country is not serious
Aquí la vida no vale nada /Life is worth nothing here
Salís a la calle y no sabés si volvés vivo a tu casa /You go out into the street and you do not know if you come back home alive
¡Que se vayan todos! /Let them all leave!
Esto en el primer mundo no pasa /This shit does not happen in the first world
Quiero vivir en un país decente /I want to live in a decent country
Vivimos en el culo del mundo y nosotros somos la mierda /We live in the ass of the world and we are the shit
Esto va de mal en peor /This goes from bad to worse
¿Sabés cuál es el problema de este país? Que echamos a los ingleses, loco! Ojalá nos hubieran invadido! /You know what the problem is with this country? We rejected the argentine invasion, man! I wish we had been invaded!




lunes, julio 18, 2011

 

El crimen de la boca.




Muchas personas suscriben la teoría de que se es humano gracias al habla. Siguiendo esta línea de pensamiento, los delitos contra la lengua serían en cierta medida, delitos contra la esencia humana. En un subsuelo de la lengua, hay una capa basal desde donde se construye el idioma. Ese estrato de roca dura que sostiene la estructura misma de la humanidad, fue formada en las profundidades ancestrales del cerebro antropoide y encuentra su representación en la lógica, la rama del conocimiento que regula la forma en que la verdad logra sobrevivir en el habla de los pueblos.

El habla hace humana a la horda, pero la lógica es la misma esencia del lenguaje. Así, atentar contra la lógica sería un crimen de lesa humanidad.

Está visto que este tipo de delito es penado severamente en las sociedades más adelantadas. Sin embargo, un inexplicable bache legal deja impunes, en la nuestra, a diversos atentados abominables y repetidos. Tal vez por eso los miembros de la secta “Los Segundos Autonomistas de Berazategui” o como se los solía abreviar “La Segunda Fundación” (pues solían reunirse a deliberar en la compañía de seguros homónima), decían haber confeccionado un Código Lógico Argentino. A continuación se resumen algunos de sus puntos fundamentales, a modo de ejemplo.

1) Se prohíbe el uso de los pronombres “Nosotros” y “Ellos”. Las penas aplicables van desde el cachetazo hasta la sofocación mortal mediante la llave Doble Nelson.

2) La mera pronunciación del artículo “los” y su femenino “las” seguido de un gentilicio (“los musulmanes”; “los porteños”, etc.) constituye un delito cuya pena abarca desde el apercibimiento verbal hasta la amputación de extremidades.

3) Se considera un serio agravante el uso no autorizado de cuantificadores previos (“Todos los uruguayos”, “Todas las pendejas del conurbano”; etc.) Esto habilitará al oyente más cercano a propinar un puñetazo al hablante. Tal correctivo podrá ser repetido hasta lograr el silenciamiento del delincuente.

4) La mera comparación temporal entre situaciones sociales (“antes los chorros tenían código, no como ahora”; “cuando yo era borrego, se podía salir a la calle tranquilo”; etc.) que no fuera documentada de inmediato con estadísticas confeccionadas por personas habilitadas, será castigada con la inmersión del hablante en una bañera de Coca o Pepsi Cola y posterior depósito sobre un hormiguero de guerreras rojas.

5) El uso de porcentajes ficticios (“En el noventa por ciento de los trabas es encima, drogón”; “ni el diez por ciento de esas notebooks será utilizada para estudiar”) constituye el delito de falsificación estadística agravada, punible con azotes con una réplica en cuero vacuno del metro patrón.

Pero la suerte acompaña al delincuente como una sombra furtiva. El Código Lógico Argentino se ha perdido en alguna oficina ministerial y espera aún el día de su aprobación. Mientras tanto, la humanidad avanza desprotegida hacia una luz por ahora distante.


domingo, junio 05, 2011

 

Ilusos

Levante la mano quién cree que publicaría en mi blog mensajes de mis enemigos?
No chavos... háganse un blog propio; sigue siendo gratis.

martes, marzo 15, 2011

 

Curiosidades del mar


Este febrero de 2011 estuve veraneando una vez más en La Paloma. A modo de ejercicio de estilo, compuse este relato menor, como siempre pero menor aún, para entrenter una tarde de lluvia en la cabaña del bosque de Anaconda. Apenas un mes más tarde, mi imaginada pesadilla se vuelve, en cierta forma, realidad.



Cómo darás vuelta a la isla

Habrá que mirar el cielo y decidir que los cirros rayando el cielo matinal presagian inevitables tormentas para esta noche o mañana a más tardar. Será más el resultado de una ecuación matemática antes que un capricho de turista la elección del día de hoy para dar vuelta a la isla. No será éste el día perfecto, pero probablemente no haya uno mejor antes del fin del verano. Habrá que mensurar el viento – la brisa – te corregirás mirando las banderas aquí y allá entre las arenas que cierran la bahía. Soplará del Este azotando los paños festivos que anunciarán más playas y mar que cervezas o celulares. Entonces será cuestión de saludar a tu amigo Gerardo, el guardavidas de la Playa de la Bahía de la Paloma. Habrá que reír con las ocurrencias de Tato, su compañero especialista en relaciones públicas que cataloga las olas, los turistas y los resultados del fútbol con la misma pasión de cabalista de costa. Habrá que deslizar cuidadosamente en la charla la decisión tomada. Habrá que plantearla con la exacta dosis de énfasis para que la determinación no desluzca el respeto que sientes por estos tipos a quienes otorgas el poder innecesario del veto. Hablando de todo un poco, mirarán el mar entre la isla y el puerto, la boca de entrada donde las restingas de uno y otro lado levantan olas bravas que rompen a lo lejos poblando de pesadillas los sueños de cualquier marino que osara ingresar embarcación alguna a las correntosas aguas de la bahía. Te preguntarán por dónde saldrías y señalarás un sendero donde las olas distantes parecen calmarse sobre un abismo de profundidad entre el puerto y el extremo norte de la isla. Gerardo asentirá sólo porque sabe que ya has dado la vuelta en veranos pasados. Quizá también recuerde alguna expedición a las cumbres andinas que ha compartido contigo, donde te supo lejos de la despreciable y vergonzosa búsqueda de la emoción adrenalínica y más cerca de la liturgia de los cielos y las nieves. En todo caso te dirá que vayas tranquilo, que asegures el “morey” y sobre todo las aletas, porque una súbita cólera de espumas podría arrebatártela del pie y dejarte a merced de las olas y las rocas afiladas de la restinga y de todos los males del infierno que esas aguas verdes marmoladas ocultan al sol del mediodía. Juntarás tu tabla que aquí apelan por la marca originaria, como los championes que alguna vez prehistórica fueron zapatos de tenis. Te pondrás unas antiparras para nadar en el cuello y en la otra mano llevarás tus aletas. Será cosa de meterse en el agua agradablemente templada, vaya sorpresa, y calzarte las patas, subirse a la tabla y darle derecho y firme hacia la isla. A los quince minutos se cruzará una corriente helada como un mal presagio. Se dudará de la sabiduría que te ha llevado a desechar el traje de neopreno porque poca falta haría en esas aguas de febrero. La corriente se disolverá más adelante y ya en el agua templada, decidirás que no es tan mala noticia esta corriente que te desvía constantemente hacia el noroeste y te obliga a buscar con la proa el mismísimo arbusto de tuna, único relieve la isla, para mantenerte en el abrigo que la materia escasa de la ínsula te proporciona antes de aproar hacia mar abierto. Sin percatarte del todo, darás lugar a tu juego secreto, ese que nadie conoce y que jamás confesarías excepto a un eventual e improbable lector que hubiera llegado hasta aquí y que, por eso mismo, tal vez consideres un alma afín que poco se escandalizará cuando lea que imaginarás convertirte en una nave propulsada por un motor de aletas y gobernada por un timón de piernas, cuyo impulso diferencial orientan la proa rosada de plástico deslizante hacia babor hasta fijar el rumbo de un sendero de espuma. Las olas tendrán una altura de tres metros desde tu cabeza arrastrada por los senos que el mar crea para tu estima cuando empieces a realizar una simple cuenta que relacionando la altura de la ola y su frecuencia, te informará con más probabilidad que certeza que estás situado sobre unos seguros seis metros de profundidad justamente en preciso lugar donde la rompiente hace una pausa para dejar pasar un sendero de unos pocos metros de agua marcada por un rastro de espuma. Habría que seguir a marcha forzada por ese oculto canal del epitelio oceánico para internarse en mar abierto y superar esta zona de peligro donde las olas interrumpen su majestuoso tránsito laminar y revientan en torbellinos furiosos de espuma y hemorragias infernales de agua revuelta que te voltearían de cabeza y sumergirían tu cuerpo desorientado hasta estrellarte con alguna roca submarina repleta de filos de mejillones. Habrá que seguir pataleando, es decir, alimentando carbón en las calderas ocultas bajo la línea de flotación de tu nave. A medida que te alejes de la isla unos quinientos metros desde el primer viraje, comenzarás a derivar a estribor hasta apuntar la proa al faro del Cabo Santa María. El mar será una cordillera de agua con picos que pasarán elevándote y una vez en la cima, te soltarán malamente al abismo del seno marino donde serás otra vez materia agitable al vaivén incesante que te aleja del curso necesario para transitar un kilómetro exacto hacia el sur. Habrá que tener reservas para afrontar la sorpresa inicial de que falta mucho más de lo que parecía. Mientras se alinea la tuna con los accidentes costeros continentales que parecen desplazarse detrás conforme progresa tu derrota, verás cómo se consumen los minutos y la travesía se prolonga más de lo esperado. Y entonces dejarás que la mente divague y sueñe hasta que por fin alcances la latitud donde debas virar nuevamente hacia el continente. Será el momento de ejecutar la maniobra más peligrosa. No habrá tiempo para titubeos y errores. Las olas rompen adelante, en el extremo sur de la isla; frente a ellas, las restingas de por sí mortales están sembradas de hierros oxidados que alguna vez fueron armazón de pasarela para esperanzados pescadores. Menester de barrenador experimentado a fuerza de fracasos será elegir la ola correcta; La que te eleve tres metros en su cúspide y te permita impulsarte medio segundo después del primer jirón de espuma; La que rompa y te lleve bien cerca de la costa, sin aceptar corrientes de retorno oblicuas que producirían un desvío desastroso de la única ruta posible. Te sentirás un astronauta a punto de ejecutar una desaceleración orbital para reentrar en la atmósfera. Habrá para cada nave un solo pasillo posible, estrecho y preciso, flanqueado por la catástrofe segura. Y barrenarás la ola elegida, sí, pero ay si llegaras a cometer un solo error, si te dejaras llevar por la tentación de flanquear la ola, quedándote en la falda a media altura recorriendo el camino lateral que podrá parecer muy bonito cuando se hace una exhibición de surf pero que resultaría una estupidez en este caso: te quedarías sin agua a mitad de camino, en medio de la blanca tierra de nadie donde solamente pasan los trenes de espuma que desgarran barcos enteros, como el Hinden o el Falkland. Inevitablemente recordarás las historias que se cuentan sobre los naufragios de tantos buques que fallecieron a la entrada del viejo puerto, esa misma que estarás a punto de intentar sobre tu pobre tabla. Y del maldito bajo Falkland y los naufragios que provocara deberás recodar la cara de tus amigos pescadores, gente supersticiosa que te contaba con disgusto, como traicionando un secreto terrible, acerca del horror de las redes que en lugar de pescado traen huesos de gigantescos animales desconocidos cuando se las peina cerca del banco asesino. Harías bien en recordar cuando con tu ingenuidad de argentino turista arriesgaste si no habrán sido ballenas y los pescadores te miraron con piedad, no tanto porque esos hombres aparentemente simples habían visto con sus ojos tanta más fauna marina que vos con tus libros, sino porque decidieron callar que esos huesos no eran de ballena, de las cuales habían visto cientos de ejemplares, ni de nada vivo que habitara hoy día sobre la tierra o bajo los mares. Tomarás tu decisión. Dirás ¡ésta! y desde la cumbre te soltarás al abismo de la rompiente. Entonces, cuando no haya arrepentimiento posible, cuando estés ya en el aire cayendo, verás cómo se abren las aguas debajo de ti. Escucharás el rugir del remolino alargado que abre un túnel bajo la ola, una caverna de lodo que se ensancha hasta dejar una chimenea de agua marrón helada en cuyo interior verás, durante unos terribles e interminables segundos, un rodillo gigantesco de metal, parte de un engranaje oxidado de rodillos que muelen el fondo oceánico y sacuden el agua. Varios metros por debajo de la superficie normal del océano, aquí trastocada, degenerada por esas monstruosas muelas mecánicas, entre los breves y estadísticos huecos de los dientes de esa máquina insospechada, verás agitarse brazos humanos que abren y cierran sus manos como implorando al cielo. El rugido ocultará el destino de los brazos, de los cuales nunca sabrás si son retraídos o cercenados en cada vuelta del rodillo obsceno. Aterrado, vanamente patalearás buscando un poco de agua entre tus piernas que te permita impulsarte lejos de ese horror; pero el impulso ya habrá sido dado eternos segundos atrás en el pasado de la ola y de ocultas suertes que quizá se jueguen en ese preciso momento en esa máquina destinada a decidir el destino de los condenados dependerá que llegues a ese punto a dos metros por delante de la proa donde el mar vuelve a ser el prólogo amable del celeste océano o que caigas hacia la muerte segura del metal hambriento que ruge exactamente debajo de tu cuerpo desnudo. Sentirás el aliento acre de las profundidades descompuestas. Tus narices súbitamente insultadas se negarán a seguir tomando el aire que necesitas para sobrevivir a la caída en el caso de que ésta te fuera propicia. Caerás. Apenas lograrás sostener la tabla durante el impacto. Te hundirás en la espuma enfurecida. Saltarás hacia arriba como un jinete desmayado sobre un potro salvaje de agua que corcovea y finalmente pasa entre las rocas, contigo encima. El baño de agua salada sobre tu frente pondrá en duda si habrás llorado o no por tu vida, pero saldrás a flote, a salvo en medio del canal de entrada a la bahía. Verás cómo la corriente te lleva hacia aguas amigables, hacia la playa lejana donde escrutan el horizonte en tu busca. Una vecina de la bahía chica habrá llamado por teléfono al guardavidas: “¡Gerardo, mira que hay un loco sin ningún tipo de equipo en la rompiente de la isla!”. Te sentarás en la tabla, cosa nada fácil si la tabla es un morey que desplaza la mitad de una tabla normal de surf, pero que tan relajante resulta para dejarse acarrear por la corriente suave. Pasarás el banco de arena, los remeros en sus kayaks y canoas y por las dudas te dejarás ver por el windsurfista que corre lejos a sotavento. Cuando llegues a la costa, ya habrán tranquilizado a la señora diciéndole que te conocen y que estás controlado. Los guardavidas te preguntarán cómo estuvo la cosa. Bien - les dirás pisando la arena húmeda de la orilla - un poco jodido para volver. ¿El agua? Linda, buena está. Te secarás la cara con una toalla, tomarás un poco de jugo de naranja, acaso un mate y confiarás en la promesa del olvido, como es costumbre en esas costas del Cabo Santa María.


viernes, febrero 18, 2011

 

Mientras te pongo algo de música



De todas las profesiones engañosas, la de DJ podría ser un honorable ejemplo. Aún en el halago agradecido se mimetiza el equívoco fundamental: “Qué buen gusto tiene este DJ!”. Mentira. Quizá el buen gusto sea el primer ítem que un pasador de discos aprende a sepultar en horas de labor. El arte del DJ es percibir lo que los bailarines o los radioescuchas pretenden oír. Todo profesional sabe que finalmente no es uno, sino el público, quien determina la sucesión y calidad (casi siempre deplorable) de las canciones que se irán colgando del hilo de la noche. Pequeña metáfora del poder, el sueño de poner a moverse una tropa al son del hipotético capricho personal del pasadiscos inevitablemente alcanza a una cantidad de ilusionados varones que pretenderán imponer lo que creen su música al resto de los congéneres. Incluso alguno reclamará un mérito por haber descubierto la canción que desgrana su celular. Obligar al prójimo a escuchar una mala reproducción de música grabada y reclamar un asombrado elogio equivale a una especie de clímax infantil que se busca constantemente en todo lugar, desde cumpleaños o tribunas hipodrómicas hasta trasandinos viajes ferroviarios. La obvia correlación con los rituales de cortejo nos arranca una sonrisa piadosa. El acto de imponer la propia música al otro tiene una connotación sexual tan evidente que conmueve. Por qué no se escucha la propia música con auriculares, que dentro de lo malo al menos garantizan, además de privacidad, una infinitamente mejor fidelidad que el ridículo parlantito público del celular? La respuesta es que en éste último caso no se quiere tanto escuchar la propia música sino hacer que el otro la escuche, una mera exhibición del plumaje. Así se anda por la vida, colgándose carteles que gritan soledad, diciendo quiénes pretendemos ser, y no siéndolo.


jueves, febrero 17, 2011

 

Sombras de caverna



Desde una sombrilla en la playa, efímera celebración de un caravasar, surge el rapaz que ostenta un pequeño tubo que apunta al Sol. Observa por el otro extremo. Miren, dice, qué cosa bárbara "La Noche Estrellada". Otros muchachos lo suceden entusiasmados en la contemplación de la miniatura desleída y recortada que apenas logra remedar la famosa pintura de Van Gogh. Uno a uno se pasan el tubo y luego de unos minutos la ronda finaliza. Me encanta la pintura de este tipo, dice una joven. Luego se reúnen al abrigo de la sombrilla y reproducen en la pantalla del teléfono celular una borrosa escena animada de la película Alien el Octavo pasajero, comprimida en formato y cuadros por segundo hasta hacerla caber en un reproductor MP4. Pronto se cansan, sin haber conseguido una fugaz brizna de miedo. Entonces se echan sobre las esterillas y alguien enciende otro celular y lo pone a reproducir música por los altavoces minúsculos que asesinan la tarde con un sonido quitinoso de escarabajos en celo. Así de irremediables se duermen, creyendo oír tambores verdaderos.



 

Borges


Borges me ha hablado. Cuarenta años demoró su voz en cavar un túnel a través de la guerra. Menos traidor que uno, que desprecia desde el llano; su poesía admonitoria, vaya paradoja, se revela generosa: me habla de cosas que supone compartimos, de matices y pareceres que no duda aprobaré con alivio. No estamos solos, finalmente. No tanto.


jueves, enero 06, 2011

 

El éxito y la plata

Para un ejemplar de ser humano con las funciones cognitivas atrofiadas, éxito y posesión de dinero son sinónimos.

Plata hace cualquier boludo. Cualquier muchacha más o menos atractiva llega a respetable conductora televisiva con residencia en Miami; basta practicar durante años las felaciones adecuadas a los personajes clave. Cualquier imbécil puede poseer una fortuna si la hereda. Cualquier periodista delator o cómplice de los genocidas pudo amasar una fortuna trabajando para la propaganda de la dictadura. Fortunas tienen los narcotraficantes, por ejemplo.

Para un ser humano verdadero, el éxito es otra cosa.

Un personaje exitoso en serio es aquel que ha derrotado a la muerte.

Cuando venga alguien y me diga, “yo no muero”… bueno, ahí me rindo, me saco el sombrero, me humillo a sus pies. De ahí para abajo, todos son humanos… con suerte.

Ya en una escala de éxito más terrenal, vienen los sub-inmortales exitosos: los iluminados, los genios, los que son amados sinceramente, los que son felices.

“Yo he pisado la superficie lunar.”: típica frase exitosa. “Todos los días me garcho a la mujer más apetitosa del planeta.”: envidiable también.

¿Más frases del éxito?

“He logrado detener una guerra”

“He cambiado la forma de pensar de una generación”

“He salvado una vida”

“Mis actos son coherentes con mis preceptos morales”

“Mi nave espacial hecha en casa puede realizar vuelos orbitales y volver entera”

“No envidio ni codicio propiedad alguna”

“Mi familia y amigos se disputan el primer lugar para donarme un riñón”

“He caído con mi avión por tercera vez en el Sahara. Aproveché para escribir un libro”

Aunque sub-inmortal, hay gente exitosa por doquier.

Por eso, cuando Macri dijo que el exintegrante de MIDACHI y precandidato del PRO, Don Miguel del Sel, era un tipo exitoso, uno medio que se cagó de risa. Más que con MIDACHI, incluso.

Miguel del Sel.

¡Está bien!


lunes, diciembre 13, 2010

 

El cuerpo negro perfecto: un poco de física básica.

(energía radiada por el cuerpo negro perfecto por cada nanómetro de longitud de onda a diferentes temperaturas)

Sabido es que la física, esa rama de la ciencia que pretende describir el funcionamiento de nada menos que el universo, formula sus leyes a partir modelos y entidades ideales. De esa manera, varios capítulos famosos comienzan con frases del tipo “Supóngase un electrón situado a una distancia infinita del núcleo atómico….” o “Supóngase una superficie conductora infinitamente delgada…”. Para obtener leyes válidas, frecuentemente hay que aislar, al menos en la mente, una parte del universo de las influencias que nos perturbarían su estudio. De esa manera aparecen los modelos, entidades ideales que se comportan en nuestra imaginación de la mejor manera posible, es decir, cumplen las leyes básicas de la física y no molestan con las imperfecciones, suciedades y ruidos que presentan los objetos reales. Así tenemos “los gases ideales”, útiles para describir y predecir con cierto grado de exactitud, más que aceptable, el comportamiento de los gases reales. De forma similar, las leyes de la radiación térmica y la mismísima física cuántica tienen su origen en un objeto ideal: el cuerpo negro perfecto. Esta creación de la mente es un cuerpo que absorbe toda la luz incidente y no refleja nada. A temperatura ambiente, un cuerpo así es perfectamente negro; no “muy” negro, tampoco “casi todo negro” ni “negrísimo”, no. Un cuerpo así es perfectamente negro. Cosas así solamente pueden encontrarse en las imaginaciones más descabelladas, como las de Allan Poe o Arthur Clarke, creador de un monolito que a veces se comporta con total negritud. Si bien la física teórica está por así decirlo construída sobre modelos, el origen de los modelos es la observación del mundo real y, en definitiva, el propósito de la físicia es finalmente describir lo mejor posible, también, el mundo real. La distinción pues entre las fronteras de la idealidad y la realidad resulta, al menos para el científico, una operación vital para la propia supervivencia de la ciencia. El cuerpo negro perfecto, ya se sabe, no existe. Esta verdad tan obvia para la comunidad científica parece inasible a las garras (reservemos el término “manos” para especies más desarrolladas) intelectuales de la clase media porteña que parece haber coronado al hijo de inmigrantes y miembro flamante de la clase media alta Mauricio Macri como jefe de gobierno. Podríamos incluir en el pecado de candidez, cual es el de creer en la existencia del negro perfecto, a la clase oligarca que aún sigue habitando pequeños barrios de la capital nacional; pero no sería justo. De alguna manera, el garca criollo sabe desde hace mucho tiempo que el negro perfecto no existe y ya lleva un par de siglos resignando de a poco parte de lo suyo hacia tal injusta imperfección de la creación. Es cierto, el oligarca ya se avivó, pero en cambio la clase media parece no haber despertado aún a la realidad. Los votantes y su gobernante parecen creer, o al menos esperanzarse, en la posibilidad de lograr el cuerpo negro perfecto. ¿Qué características físicas presentaría este cuerpo negro perfecto para la escasa imaginación de la clase media porteña?

  • Invisibilidad: El negro perfecto ejecuta su trabajo sin ser visto. Limpia la casa mientras uno no está, no molesta con el ruido de la aspiradora ni escucha cumbia mientras lava los baños. El negro perfecto sirve el café en el bar de puerto madero pero mientras lo hace no molesta la vista de la coqueta dársena con su oscura figura.
  • Teleportación: El negro perfecto no necesita viajar ni moverse. Aparece en su lugar de trabajo, ejecuta su tarea y luego se vuelve a su choza sin congestionar paradas de colectivo ni estaciones de tren y mucho menos las preciadas autopistas aferentes de la ciudad. El negro perfecto no requiere infrastructura ni transporte público, eso tan oneroso que distrae los fondos públicos de lo que realmente importa, es decir aeropuertos y seguridad urbana. Esta capacidad teleportativa permite además que el negro perfecto sea puntual.
  • Animación suspendible: El negro perfecto puede ser desactivado a voluntad. Lo que permite que en caso de fallar la teleportación, el negro pueda entrar en un estado de animación suspendida al pie del telar, máquina o andamio donde trabaja, para ser reanimado al día siguiente y continuar su labor sin necesidad de andar por ahí o ejecutar funciones vitales innecesarias y distractivas. Esto es mejor aún que la teleportación, porque torna innecesaria la vivienda para el negro.
  • Salud laboral: El negro perfecto es saludable. Nunca se enferma o embaraza. Si se agarra una gripe es en domingo o feriado, pero si se enferma gravemente, se muere enseguida.
  • Combustión espontánea: Al morir, el negro perfecto se icinera en forma total y súbita, al estilo de Los Invasores, liberando de esa manera la máquina, el tractor o la prensa hidráulica que le ha causado la muerte. Así se logra una producción ininterrumpida por los molestos accidentes fatales y se evita la presencia de los inspectores, delegados gremiales y detectives que tanto cuesta silenciar.
  • Inhumanidad: El negro perfecto no es humano; por lo tanto, no le caben los famosos y maltratados derechos humanos, vulgarizados hasta el hartazgo por los gobiernos demagógicos.
  • Sumisión: Quizá la virtud más deseada y añorada sea la calma con la cual el negro perfecto acata su destino; sumisión ésta que las crónicas jesuíticas o las dulces fábulas esclavistas relatan como cualidades frecuentes, universales, del trabajador decimonónico y rural. El negro perfecto se deja. La negra perfecta se deja abusar mientras sigue limpiando, el negro perfecto se deja explotar con una sonrisa.
  • Imperonismo: El negro perfecto no sabe nada de justica social y jamás escuchó hablar de Perón ni Evita ni Kirchner ni nada de eso. También, o por eso, o para eso, carece de memoria.

La mala noticia para los porteños PRO es que el cuerpo negro perfecto no existe. Los negros reales exigen un lugar donde vivir, salud, agua potable, derechos humanos, luz, gas, transporte digno, diversión, escuelas, universidades, museos, canales de televisión, radios comunitarias, hospitales y hasta el gobierno de sus putas ciudades. Y más triste aún para Macri y sus votantes cagados de miedo, los negros ya están tomando todo eso.
La ilusión teórica de un negro perfecto que trabaje para enriquecer a su patrón sin causar molestias es comparable a la ilusa y errónea esperanza de que se puede usar al negro impunemente para desestabilizar al gobierno. La mala noticia para Macri y Duhalde es que, esta vez, del otro lado hay vida inteligente, o sea gente que domina la física real. Y los negros no son perfectos… siguen siendo peronistas.


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